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¿Sigues teniendo dudas sobre si actúas de manera correcta cuando tu hijo tiene fiebre o dolor? Para tu tranquilidad, en esta sección damos respuesta a las preguntas más frecuentes de mamás y papás como tú.

Si tu hijo tiene fiebre moderada o su estado general es bueno, puedes salir a la calle con él con total tranquilidad.

Ten en cuenta que no es necesario que le abrigues más o menos de la cuenta porque tenga fiebre. Todo lo contrario, deberás vestirle de manera acorde con la temperatura exterior.

Si aunque tu hijo tenga fiebre está contento, juega y se siente relativamente bien, no es necesario que le des un antitérmico. Tampoco le despiertes para que se tome su dosis si está dormido.

En cualquier caso, recuerda que los antitérmicos solo deben administrarse a partir de una temperatura de 38°C o para aliviar el malestar del niño.

Actualmente, el uso del ácido acetilsalicílico está desaconsejado para el tratamiento de la fiebre en niños y adolescentes por su relación con el Síndrome de Reye (una enfermedad rara de causa desconocida que se caracteriza por provocar daño en el cerebro y en el hígado). Hoy en día los antitérmicos más utilizados son el ibuprofeno y el paracetamol. Recuerda que no se recomienda intercalar entre uno y otro.

Inflamación de las encías, irritabilidad, febrícula o aumento de la salivación son algunos de los síntomas que pueden aparecer durante la dentición, aunque no necesariamente tienen por qué hacerlo. La erupción de los dientes no provoca ninguna alteración importante en el estado de salud general del niño, ni tampoco fiebre o cambios del ritmo intestinal.

Cuando un termómetro de mercurio se rompe, el mercurio se evapora pudiendo ser tóxico, especialmente para los niños. Además, los cristales rotos del termómetro también pueden causar daños. Por ello, y como habrás leído en la web, el termómetro de mercurio dejó de comercializarse en 2009. Por tanto, deberías evitar medir la temperatura de tu hijo con termómetro de mercurio.

Durante los primeros años de vida tenemos poco desarrolladas las defensas ante la mayoría de los virus. Por eso, los niños suelen ser más propensos a sufrir infecciones y catarros de manera frecuente que, en la mayoría de las ocasiones, se curan solos sin necesidad de tratamiento. Aunque otras veces pueden dar lugar a complicaciones como otitis o neumonías.

Si el termómetro es digital, te lo señalará de manera automática con un pitido (u otro tipo de señal).

Si utilizas otro tipo de termómetro, los tiempos aconsejados varían en función de la zona del cuerpo donde realices la medición:

  • En el recto y la boca: 2 minutos.
  • En la axila: 4 minutos

Lo mejor es que consultes las instrucciones de uso de tu termómetro.

Las convulsiones febriles son una reacción frente a la fiebre muy poco frecuentes (solo aparecen en el 3-5% de los casos). Son más habituales en niños de entre 6 meses y 5 años y duran segundos o escasos minutos.

Para tu tranquilidad, en la mayoría de los casos no son graves, pero es importante que sepas cómo reaccionar si tu hijo sufre una convulsión febril:

  • Túmbale boca arriba o de lado
  • Aflójale la ropa, sobre todo alrededor del cuello
  • No intentes ponerle nada en la boca (chupete, etc.)
  • Mide el tiempo que dura la convulsión
  • Acude de inmediato al pediatra o al servicio de urgencias

Después de la convulsión febril tu hijo se quedará soñoliento o confuso y necesitará dormir. Es importante que no le des de comer hasta que no vuelva a estar completamente despierto y alerta.

Las convulsiones febriles no influyen en el desarrollo normal del niño ni son causa de deterioro neurológico alguno.

Uno de cada tres niños que han tenido una convulsión febril puede llegar a tener al menos otra en el futuro. No se puede predecir en qué casos se repetirán.

No. Los antibióticos no son eficaces ante los virus.

En cualquier caso, siempre debe ser el pediatra quién prescriba si tu hijo debe o no tomar un antibiótico. Ten en cuenta que la administración de antibióticos de manera injustificada ha hecho que muchas bacterias ahora sean resistentes a ellos, logrando que el tratamiento de las enfermedades infecciosas sea, en algunos casos, difícil.

La fiebre activa al sistema inmunitario del cuerpo para fabricar más glóbulos blancos, anticuerpos y otros agentes que luchan contra las infecciones. Por lo que mientras no supere una temperatura peligrosa de 42°C, ayuda a las defensas de tu hijo a combatir la infección.

La colonia y el alcohol son vasodilatadores. Esto quiere decir que unos minutos después de aplicarlos sobre la piel pueden aumentar la temperatura corporal de tu hijo, consiguiendo el efecto contrario al deseado.

Depende de la edad, su grado de desarrollo y su capacidad para comunicarse.

Si tu hijo puede expresarse, lo mejor es que le preguntes directamente dónde y cuánto le duele.

En los casos en los que el niño (por edad, grado de desarrollo o discapacidad) no puede expresarse, deberás evaluar su dolor observando su comportamiento. Fíjate en aspectos como el llanto, la incapacidad para dormir, la intranquilidad, posturas extrañas, rechazo a que le toquen (como por ejemplo durante el cambio de pañal), la inmovilidad o la tristeza aparente. Además, es importante que observes si esos comportamientos mejoran al darle un medicamento analgésico al niño.

Existen diferentes escalas, como los pictogramas disponibles en esta web, que pueden ayudar a tu hijo a explicarte cuánto le duele.

Es un dolor benigno en las piernas asociado al crecimiento. Normalmente aparece por la noche, y en ocasiones durante la siesta. El niño se despierta quejándose de dolor en ambas piernas sin poder identificar un sitio concreto donde le duele. Los niños mayores lo describen como “calambres“ o como un dolor “interno“.

El dolor de crecimiento puede durar varios minutos, incluso horas. Puedes calmarle el dolor a tu hijo masajeándole las piernas o poniéndole calor sobre ellas. En raras ocasiones será necesario darle algún analgésico como el ibuprofeno o el paracetamol.

La congestión nasal es una sensación desagradable de obstrucción en la nariz, frecuente en las infecciones respiratorias. Puede llegar a ocasionar molestias en el oído al inflamarse la trompa de Eustaquio que lo comunica con la rinofaringe, impidiendo la ventilación del oído medio.

Para evitarlo, está recomendado realizar lavados nasales de manera frecuente con suero fisiológico o agua de mar, poner depósitos de agua en los radiadores o utilizar humidificadores. También es importante que le des a tu hijo líquidos en pequeñas cantidades. Para aliviar las molestias también puedes administrarle analgésicos como ibuprofeno o paracetamol.

Son termómetros de vidrio que contienen galinstan en el interior, una mezcla de galio, indio y estaño. No necesitan pilas y son muy exactos y fiables.

A diferencia de los termómetros de mercurio, en caso de rotura los restos del termómetro de galio pueden recogerse con un trapo o papel y tirarse a la basura sin problemas ni riesgos para la salud o el medio ambiente.

La única desventaja de los termómetros de galio es que para proporcionarnos una medición correcta debe permanecer 4 minutos en la axila o 2 minutos en el recto.

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